Trampas
Salíamos de vacaciones. Seis de la mañana llegamos a despachar las valijas. Web check-in hecho (bien de obse, ya lo habíamos hecho apenas se habilitó), expectativas altas y ganas de tomarnos un buen mate.
Nos acercamos al mostrador con nuestra cara de dormidos pero contentos. Nos íbamos diez días, nuestras primeras vacaciones juntos, genial. Al llegar para el despacho de equipaje (un trámite, cinco minutitos y a embarcar), nos dijeron la súper frase de la aerolínea más pedorra del planeta: “¿les avisaron que tienen que pagar el equipaje despachado?”
WTF? Hasta donde yo sé, cualquier aerolínea medianamente decente, e incluso aquellas que no lo son tanto, incluye en el cargo del pasaje los primeros 15 ó 20 kg (como mínimo). Bueno, ellos no. Pluna no. Te cobran 25 dólares cada valija, como si llevaras 150 kg repartidos en tres cofres.
Mi cara automáticamente se transformó de “me voy de vacaciones” a “me están choreando”. No sólo nos cobraban el cargo extra, sino que ni siquiera habían tenido la decencia de notificarlo con una letra que superara el tamaño 4 en el sitio. Porque sí, en el sitio lo aclaraban, en letra color gris pizarra tamaño 3, mezclada entre horarios, aeropuertos e impuestos.
Lo peor no quedó ahí. Una vez subidos al avión (mi cara de ojete era inigualable) nos enteramos de que el snack se pagaba. Así como lo leen: ni un café. Lo que quisieras tomar o comer, lo pagabas. A esa altura (literalmente) nos mirábamos incrédulos: era reírnos o ahorcar a una azafata (que no debe de tener nada que ver con las políticas empresariales, pero tenía un cuello largo taaan tentador).
A la vuelta fue el tiro de gracia para que Pluna definitivamente se ganara el pellorativo de “pedorra”. Al acercarnos a las oficinas de la empresa para confirmar el horario, la poco feliz empleada nos dice “aaaah (se me empiezan a abrir los ojos), ustedes sacaron el pasaje en noviembre (se me elevan las cejas), tienen que pagar tasa aeroportuaria (se me infla la vena de la frente)”.
Ya era una terrible joda esto. ¿Para qué carajo mienten? Con razón era una oferta tan tentadora. Lo peor de todo es que, antes de hacer clic en “comprar”, se lee “Precio total (incluye impuestos y tasas)”. Seguramente en letra gris, en la esquina inferior derecha de la página, debajo de “Mapa del sitio”, debe de haber un súper-mega-ultra ínfimo asterisco en letra -10 que reza “las tasas que tengamos ganas”.
Al final, terminamos pagando un monto bastante más alto del pensado, y nos podríamos haber ido en una aerolínea que al menos nos diera un Tatín y una taza de café endulzado. Pero no, nos fuimos en Pluna.
Como diría la infeliz senadora puntana: “Trampas, más trampas y más trampas”.
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marzo 1, 2011 a 4:40 pm
Jaja! Tu cara de “ojete” realmente no tenía nombre, juajua! Lo peor es que tu broma previa sobre “ahora lo único que falta es que tengamos que pagar por el snack” terminó por concretarse… Besote! =)
marzo 2, 2011 a 5:42 pm
Y si!!! vivimos en el país en donde cada uno interpreta a gusto y nada es como nos dijeron que sería, lo único que queda es hacer piquete, (que le da de comer a muchisimos Argentinos hoy) mandar una queja al servicio de protección al consumidor que quedará debajo de otras 890 mil notas similares…o sacar la billetera, pagar y resignarse… Espero que el trago amargo haya desaparecido con la tranquilidad de las vacaciones…